¿Ajo intenso o suave? El corte y la cocción tienen la respuesta.
El ajo forma parte de la dieta mediterránea y es una manera sencilla de aportar aroma y sabor a muchas elaboraciones sin depender únicamente de la sal. Su intensidad depende, entre otros factores, de cuánto rompemos el diente y del tipo de cocción que utilizamos.
Cómo incorporarlo en el día a día (3 ideas).
- Picado para sabores más marcados. Utilízalo en vinagretas, sofritos, hummus o salsas cuando quieras que tenga protagonismo.
- Laminado para controlar mejor la cocción. Es perfecto para verduras salteadas, pasta o pescados, vigilando siempre que no llegue a quemarse.
- Asado para conseguir un sabor mucho más suave. Una cabeza de ajo asada lentamente desarrolla una textura cremosa que puede untarse sobre pan o incorporarse a purés y salsas.
CONSEJOS
Uno de los secretos más útiles está en el tamaño del corte: cuanto más se tritura o pica el ajo, mayor suele ser la sensación de intensidad aromática.
Otro truco consiste en controlar cuidadosamente la temperatura. El ajo picado puede pasar de dorado a quemado en pocos segundos y desarrollar un sabor amargo. Cocínalo a fuego moderado y añade otros ingredientes antes de que oscurezca demasiado.
Para los niños o para quienes prefieran sabores suaves, puedes cocinar el diente entero, asarlo o utilizar una cantidad pequeña en combinación con yogur, aceite de oliva o verduras.
Y para conservarlo correctamente, guarda las cabezas enteras en un lugar fresco, seco, ventilado y protegido de la luz, evitando recipientes cerrados que acumulen humedad.
CONCLUSIÓN
El ajo no tiene un único sabor: la cocina permite decidir cuánto protagonismo queremos darle. Crudo o cocinado, entero o picado, unos pequeños cambios permiten adaptar uno de los grandes ingredientes de nuestra tierra a cada receta y cada mesa. Guarda estos secretos y descubre más formas de cocinar con ajo Peregrín.

